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September 11 El Conejo de la luna - MéxicoQuetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Pero todavía siguió caminando, caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó a la ventana de los cielos. Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar. -¿Qué estás comiendo?, - le preguntó. -Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco? -Gracias, pero yo no como zacate. -¿Qué vas a hacer entonces? -Morirme tal vez de hambre y de sed. El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo; -Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí. Entonces el dios acarició al conejito y le dijo: -Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti. Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo: -Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.
La mancha oscura que forma su cabeza se llama Mar de la Tranquilidad (1) y en el 21 de julio de 1969 la nave Apollo 11, primer nave tripulada en llegar a la Luna alunizó allí. La oreja izquierda del conejo es el Mar de la Fecundidad (2) y la oreja derecha se llama Mar del Néctar (3). Igualmente identificables a simple vista son algunos de sus grandes cráteres, producidos por la colisión de aerolitos tales como: Kepler(4), situado al borde del Océano de las Tormentas (5), Copérnico (6), Archímedes (7), situado en el “Mar de la Lluvia” (abdomen del conejo), el Mar de la Crisis (8) y muchos más. El Conejo de la Luna - Japón.
Los japoneses ven en la superficie de luna la imagen de un conejo machacando arroz con un martillo para preparar mochi (un dulce tradicional). Se cuenta que un viejo peregrino encontró un día un mono, un zorro y una liebre. El hombre, de avanzada edad, se encontraba agotado por su viaje lo cual le llevó a pedir a los tres animales, como favor, que le consiguiesen algo de comida. El mono se subió a un árbol y recogió frutas, el zorro con su gran atrapó un ave y la liebre, con gran pesar, volvió con las manos vacías. Al ver al viejo con la cara triste y cansada, se sintió culpable. Entonces recogió ramas y hojas secas, encendió una fogata y se lanzó dentro para ofrecerse a sí misma como alimento. El viejo, conmovido ante el trágico sacrificio del pobre animal, reveló su verdadera identidad. Era una deidad de gran poder que recogió los restos de la liebre y los enterró en la luna como monumento a su gesto de solidaridad. Es una historia de sacrificio y entrega que forma parte de la cultura japonesa. Te Espero (Mario Benedetti)
September 10 Esperar / Aceptar
Muchas veces a lo largo de nuestra vida encontramos situaciones que no resultan como las esperábamos, quizá alguna vez declaramos nuestro amor y la persona no correspondió ese sentimiento o tal vez a pesar de habernos esforzado tanto no obtuvimos el empleo que tanto deseábamos. Siempre que ocurre eso comenzamos a aferrarnos a lo que perdimos, tratamos de obtenerlo o recuperarlo a como dé lugar, sin importar que perdamos en el proceso; porque no nos gusta el rechazo. ¿Cuántas veces chocaremos contra el mismo muro antes de darnos cuenta que aquello que tanto nos obsesionaba simplemente no era para nosotros? Con el tiempo se aprende que la solución para sanar nuestras vidas es esperar y aceptar. Esperar no significa no actuar, significa vivir el presente sin preocupación por el futuro. Algo que es muy cierto es esa frase que suele decir la gente:
Lilian Daniela Kaztro Rojaz.
Paradoja del barberoEn un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:
El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz.
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